viernes 31 de diciembre de 2010

Mute

"Podría adornarme -tomando a La Palabra como sujeto tácito en la oración- y rellenarme con cualidades absurdas, colorearme con tintas de colores varios, maquillarme con dotes socialmente aceptados como bellos, y usar vestiduras metafóricas para exaltar mi mención.  Pero me resulta absurdo tener que rodearme de adjetivos calificativos de dicha índole. Creo que la gente trata de armarme en prosa porque le cuesta aceptar su mediocridad; creo que tienen que tratar de crearme un lugar en el imaginario colectivo donde soy bella, donde pueden rodearme de rosas y hacer de mi un icono, un ídolo digno de adoración, cuando en verdad, soy una expresión y, como dije, deberían tomarme por lo que soy y por lo que reflejo, por lo que ven y lo que represento. No soy ese sin fin de palabras rimadas para hacer de una situación, un pensamiento, un sentimiento, algo bello y hermoso. Mas bien, soy como ese garco después de una noche de Fernet. Soy esa viscosidad adherida al inodoro que cuesta irse. Soy los vestigios de tu ser; de todos los seres; de todos ustedes.
Soy lo que represento. Y lo que represento es un mundo de mierda: literal y figurativamente hablando. Pero como ya aclaré -represento todo tal cual es- olvidémonos de la figuración un poco y recaigamos en lo que hay: mierda, sorete, tereso, caca, cacona, caquita, excremento, marrón, materia fecal, bosta y todos los demás sinónimos que quieras para usarlos en tus hermosas frases de pseudo erudito instruido"

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