sábado, 16 de enero de 2010

Excusas

Aturdido por las voces del bosque, busco hacer resurgir las internas, en parte quizás para que den batalla a las propias de la natura y así, de algún extraño modo, no sentirme tan apabullado por las mismas.
En la quietud del silencio, todo sonido es nuevo: todo es desconocido. Incluso el mismo sonido que produce el viento al chocar contra las ramas de los arboles nunca suena igual dos veces. Cada movimiento de las ramas es único e irrepetible y guarda consigo secretos de tiempos inmemorables. Lleva con cada sonido la angustia de haber vivido demasiado, pero a la vez, la libertad de poder moverse libremente y ser una con el viento.
A lo lejos se oye el río. Y no es a lo lejos porque se encuentra físicamente distanciado, sino porque su sonido danza y se adentra en este bosque de Pitras en donde me encuentro. El sonido del cauce eterno del río se esconde detrás de los grandes y altos troncos y va avanzando en mi dirección poco a poco hasta darme de lleno en mi ser y así, me hace sentir parte de todo lo que me rodea.
Y mis voces internas callan pero yo, temeroso, las quiero hacer resurgir.
Mis voces internas callan porque quieren mostrarme que ellas también me hablan con la voz del rio.

2 comentarios:

vocecitairritante dijo...

He notado que las voces internas callan cuando aprendemos a contemplar el mundo que nos rodea sin emitir juicios, sin intentar comprenderlo...Solo mirando y admirando su desenvolvimiento, ni siquiera su "belleza", porque observar desde la búsqueda de la belleza exclusivamente nos llevaría a sentirnos perturbados a la más mínima de las situaciones "no bellas" que observaríamos...

Sólo observar, sin intentar racionalizar absolutamente nada.

Sana actividad.

A veces, nuestra propia velocidad mental es nuestra peor enemiga, y cuando por fin la mente se detiene, el hombre se hace uno con el universo.

Paz mental, que le dicen :p

Mente Policromada dijo...

A veces, nos nutrimos de la sabiduría del río de y de las plantas, para empezar con la mente desde cero.
Cuando nuestra mente habla demasiado, de repente empezamos a "crear" una realidad afirmando que es lo que nos rodea cuando no es así. Construímos cada día esa realidad pieza a pieza, como si de una construcción de lego se tratara. Creemos que es muy sólido. Cada día partes de las premisas del día anterior y añades una más. Y de repente, un día, te dejas llevar por un entorno enriquecido de sabiduría aparentemente muda pero que habla más fuerte en ocaciones que los altavoces más potentes del planeta. Entonces tu construcción, tus premisas, aquello con lo que tanto has trabajado para crear un concepto nítido y controlable...se destruye. Así sin más. Empiezas desde cero. ¡Tanto trabajo echado por la borda! Y sin embargo...sin embargo nunca habías visto las cosas tan claras como en este momento. Esto que te estoy contando es mi experiencia personal.
Besos!