Para siempre

Borrosa, casi olvidada. Trato de desentrañar desde lo más profundo de mis recuerdos tus líneas, tus marcas, los contornos de tu rostro.
Perdidos.
Quedan solo las sensaciones: de tus ojos, de tu mirada, de tu sonrisa, de tus lágrimas.
Queda solo un sentimiento de vacío desesperado.
Mi cara reflejada en la tuya no existe. Es otra.
Las intenciones de seguir intentando me mueven hacia lo oscuro. Porque terminaron.
Las intenciones de seguir intentando no existen.
Las intenciones de seguir intentando es lo único que existe.
Vos no existís.
Yo no existo.
Vos sí.
Y leo culpa. ¿Necesitas pensar que estoy con alguien? No. No lo estoy. Pero siempre pensaste lo que quisiste, nunca me escuchaste realmente.
Quisiste que te entienda y para eso tuve que entenderme yo. Ver como ves, con todo lo que me costaba, con toda la ausencia que resultó de eso. De sentir. De abrirme. Y empecé a hacerlo.
Y desapareciste.
No existís más.
Y yo me quedé con esto.
Y no lo quiero.
Y me va a acompañar hasta que me muera.
Y quiero que sea pronto.
Y la nada que me mueve.
Y la inercia que me mueve.
Y el vacío.
Y la desesperación.
Y vos existís.
Y yo no.

Fue el último

Miedo al deseo del ser, de estar, de sentir, de querer, de hacer, de poder, de reír, de salir, de amar, de sufrir, de intentar, de perder, de saltar, de saber, de llorar, de subir, de vivir de la triste ilusión de volver a morir para estar otra vez junto a vos y fallar y caer y bajar y perderme así y no salir y sentir que la vida pasó y que lo único que pude hacer fue morir para estar otra vez junto a vos con el miedo al deseo del ser, de estar, de sentir, de querer...
Bis.

Ya

Una vez escribí "si el tiempo todo lo cura, ¿cómo hacer cuando el mismo se detuvo?"
Pasaron años, pasaron vivencias, pasaron personas, pero yo me mantuve inmóvil, estático ante el cambio, enmascarado en una falsa algarabía, con máscara y disfraz disimulando, a la espera, esperando el momento en que no pueda más. Y llegó. Y acá está. Y ahora estoy estático de verdad. Ahora veo todo lo que siempre estuvo ahí.

Estoy paralizado pero lo veo todo. Me siento todo. Estoy conectado con todos mis miedos, con mis faltas y lo único que puedo hacer es torturarme por el tiempo perdido; por las malas decisiones; por nunca haber deseado la felicidad y porque cuando al fin la tuve, cuando por fin llegué a ella, cuando me recibió con los brazos abiertos con todos mis defectos, la destruí. Me cerré. La rechacé como un virus. Como algo que nunca va a poder ser parte mía. Como una extraña. Como si realmente no la mereciera.

Estoy saldando deudas que no son mías. Ahora veo eso. Mi culpa no es mía. Mi culpa es heredada. Fue su culpa. Y es la mía no haberme despegado de eso a tiempo. No haber sido consciente cuando pude para no repetir el ciclo. No me merezco este castigo autoimpuesto. No merezco destruir todo lo que toco.

Hoy es el último día. O el primero. Lo sabré mañana.