miércoles, 7 de diciembre de 2016

A las quince horas del siete de diciembre del dos mil dieciséis.

En mi cara se dibujan tus gestos:
expropiados,
asimilados.
Recordatorios de tu mirada, de tu sonrisa, de tus gemidos, de tu indiferencia, son parte mía.
En mi cara se dibuja el cansancio:
agotado,
rendido.
Líneas del paso del tiempo me recorren de un lado al otro.
En mi cara, mi mirada inmóvil:
paralizada
perdida.
Mis ojos sin vida recorren tu cuarto,
descubren nuevas cosas
y recuerdan las olvidadas
Los hilos de tu alfombra,
la planta en tu ventana.
La caja detrás de tu puerta.
El dibujo que debería haber tenido otro orden.
Tus sobres en el cajón.
A Mateo le encanta saltar, entonces lo haces saltar.
Y tu sonrisa ahí. Y ahora. Y todos los días.

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